16 junio 2011

Matrimonios Infantiles (Afganistán) II

Los novios caminan por la calle principal de su poblado hasta la casa familiar, donde tendrá lugar la ceremonia (14 de octubre, de 2010) en Bamiyán. 
(Paula Bronstein / Getty Images)



La mejor amiga de la novia, Meetra, espera la llegada de la fiesta de bodas (4 de enero, 2002) en Kabul.
(Paula Bronstein / Getty Images)




Malalai Kakar, una mujer policía, arrestó a Janan, de 35 años de edad, después de que intentara matar a su esposa Jamila, de 15 años, el 4 de junio de 2006 en Kandahar. Jamila había huído para quedarse con su madre tras soportar años de abuso por parte de su marido y de su suegra. Janan persiguió a su esposa con la intensión de asesinarla, pero terminó apuñalando varias veces a la abuela de Jamila cuando ella intentaba proteger a su nieta. Jamila fue comprometida cuando apenas tenía un año de edad, y se casó a los 10 años.
Kakar, la mujer policía, resultó abatida en el 2008.
(Foto y notas: Stephanie Sinclair, VII)


Novias afganas sentadas durante una ceremonia de casamiento masivo de cincuenta parejas afganas en la provincia de Heart (7 de agosto, 2009).
(SHAH MARAI/AFP/Getty Images)




Zahara, una novia afgana de 24 años, se prepara para la ceremonia de la boda rodeada por miembros femeninos de su familia, en un salón de belleza (14 de octubre, 2010) en Bamiyán.
(Paula Bronstein / Getty Images)



Mejgon Amoni, de 16 años de edad, llora en su habitación dentro de un refugio dirigido por  una ONG (Women´s Activities & Social Services Association) de mujeres afganas en Herat, el 17 de junio de 2004. Amoni estuvo en el refugio durante seis meses esperando que alguien de su familia fuera a buscarla; pero en la sociedad afgana, se considera que toda mujer que abandona el hogar de su esposo, su reputación queda manchada. Amoni fue vendida por su padre a los 11 años de edad a un hombre de 60, por dos cajas de heroína. Fue obligada a llevar una vida de tráfico de drogas para sobrevivir, hasta que logró escaparse.
(Foto y notas: Stephanie Sinclair, VII)

Traducido de:
The Young and the Betrothed: The strange world of Afghan weddings and the dark side of early marriage / May 19, 2011. -- Foreign Policy.com
Para ver el art. original: 

07 junio 2011

Matrimonios Infantiles (Afganistán)



Más de 50 millones de niñas menores de 17 años, en países en vías de desarrollo, están casadas. Millones más están en riesgo de ser obligadas a contraer matrimonio infantil. Esta práctica está particularmente extendida en Afganistán, en especial en las áreas rurales. La fotógrafa Stephanie Sinclair retrató a algunas de estás jóvenes mujeres. La imagen de aquí fue elegida como la “Foto del año 2007” por la UNICEF.

Faiz Mohammed, de 40 años, y Ghulam Haider, de 11, sentados en la casa de la familia de ella antes de su boda en la aldea rural de Damarda, Afganistán, el 11 de septiembre de 2005. Ghulam dijo que estaba triste por haberse comprometido, ya que su deseo era convertirse en maestra. Antes de ser obligada a abandonar la escuela, su clase favorita era de Dari, el idioma local.

Las chicas casadas rara vez se encuentran en la escuela, lo que limita sus oportunidades económicas y sociales. Y los padres, a veces retiran a sus hijas de la escuela para protegerlas de la posibilidad de actividades sexuales fuera del matrimonio –lo cual anula virtualmente sus posibilidades de conseguir marido. Los embarazos precoces también inciden en un incremento de las complicaciones durante el parte. Es difícil decir exactamente cuántos matrimonios jóvenes tienen lugar, pero de acuerdo con el Ministerio de la Mujer afgano y ONGs de mujeres, aproximadamente un 57 por ciento de todas las niñas afganas se casan antes de la edad legal (16 años).






                                                                                                 El matrimonio forzado es culturalmente aceptado en Afganistán, donde los matrimonios pueden utilizarse como formas de pago de deudas, o para crear alianzas entre familias. Las hijas a menudo son consideradas como una carga económica en este país asolado por la pobreza. En esta foto, una novia afgana camina con el novio hacia la ceremonia de la boda, el 14 de octubre de 2010, en Bamiyán.





Bas Gul, de 17 años, permanece en el interior de la vivienda de las mujeres, una casa de seguridad donde vive, el 7 de octubre de 2010, en Bamiyán. Ella era una niña casada, obligada a contraer matrimonio a los 11 años; después de cinco años de matrimonio huyó de su marido, un muchacho sólo cinco años mayor que ella.



Said Mohammed, de 55 años, y Roshan Kasem, de 8, el día de su compromiso en el poblado de Chavosh, el 10 de septiembre de 2005. El padre de la novia, Abdul Kasem, de 60 años, dijo que estaba triste por entregar a su hija a tan corta edad, pero que no tenía otra opción, debido a la pobreza extrema.

No todas las novias afganas son niñas. Amigos y familiares acompañan al novio, Reza Ali Zada, de 24 años, y a su futura esposa, Aqila Nazari, de 21, de regreso a casa después de su fiesta de compromiso, un banquete celebrado en Gebrail, un poblado Hazara en las afueras de Herat, el 25 de mayo de 2005. La pareja se había visto apenas un par de veces antes.


La madre y la abuela de la novia le fijan un pendiente, el 30 de agosto de 2002, en Kabul. Después de la huida de los talibanes, los salones de bodas se abrieron otra vez. Los viernes, los salones de belleza se llenan de novias, los hoteles se abarrotan de jóvenes parejas, y las calles se llenan de autos, haciendo sonar sus bocinas a todo volumen, porque los afganos se apresuraron a casarse después de varias décadas de guerra.


Una niña afgana vende goma de mascar cerca de una sala de espera para los clientes en un salón de belleza (17 de octubre de 2010, en Kabul). Detrás de las cortinas, aisladas de los hombres, las mujeres afganas pasan las horas preparándose para las fiestas de compromiso y las bodas.

 
Traducido de:
 
The Young and the Betrothed: The strange world of Afghan weddings and the dark side of early marriage / May 19, 2011. -- Foreign Policy.com
para ver el art. original: ForeignPolicy.com

02 mayo 2011

Bin Laden está muerto, Al Qaeda no.


La incursión de las fuerzas especiales norteamericanas que mató a Osama bin Laden en su escondite en Pakistán ha sido un golpe devastador para Al Qaeda. Esta organización terrorista y el movimiento que lidera ahora se enfrentan a un posible vacío de liderazgo y divisiones internas. Pero la batalla está lejos de terminarse: la agresiva actitud de los Estados Unidos y sus aliados (incluyendo medidas militares y, en particular, de inteligencia) son necesarias para convertir una mala situación en una peor para Al Qaeda.

Comencemos con algunas notas de cautela. Como cualquier experto lo diría, uno de los más grandes éxitos de bin Laden es haber creado una organización que le sobreviviera. Cuando bin Laden y unos pocos socios fundaron Al Qaeda en 1988, la organización era pequeña y dependía des millonario saudita para gran parte de su financiación. En los años siguientes, la organización creció para apoyar a los insurgentes a lo largo de todo el mundo musulmán, emitiendo propaganda que influyó sobre miles de millones y, por supuesto, asesinando a miles a través de los ataques terroristas y su participación en guerras civiles. A miles de personas se les pidió que se unieran formalmente a la organización, y decenas de miles recibieron entrenamiento. De manera que Al Qaeda no va a colapsar repentinamente.

En efecto, a corto plazo es posible que el terrorismo se incremente. Algunos jihadistas pueden buscar venganza, atacando a cualquier objetivo que les sea conveniente. El resto de los grandes líderes de Al Qaeda también podrían intentar orquestar ataques para demostrar la continua relevancia de esta organización. Podrían apresurar complots que ya se estarían gestando para atacar objetivos “blandos”, que tienen poca preparación como para contraatacar.

Estas advertencias no deberían eclipsar los potenciales beneficios de la muerte de bin Laden. Bin Laden era un líder terrorista inusual. Los que lo seguían lo describían como humilde y modesto en su comportamiento personal, un millonario que arriesgó sus riquezas y su vida para servir a Dios. Era excepcionalmente carismático, inspirando a muchos que lo conocieron e, incluso, a muchos más que lo vieron en sus videos o que leyeron acerca de él en internet, dedicando sus vidas a la Jihad.

Una de las características más importantes de bin Laden era que él toleraba los diferentes puntos de vista dentro de la comunidad extremista, unificando un movimiento ya propenso a las divisiones. Algunos terroristas intentaron socavar, debilitar, e incluso matar a rivales y disidentes, pero bin Laden era una figura unificadora. En Egipto, Irak, el Magreb, y en otras partes donde trabajó con grupos y líderes locales, hasta intentó, a menudo con éxito, influenciarlos con su agenda más global. Otros sunitas jihadistas no están de acuerdo en absolutamente nada, desde cuáles regímenes tomar como objetivos, la cuestión de si atacar a musulmanes chiítas u otros que no son parte de la corriente sunita, hasta en la cantidad de atención a prestarle a la muerte de civiles. Por su parte, bin Laden tenía una voz firme y constante elogiando a aquellos que deliberadamente mataban civiles, y también exhortando a los jihadistas a enfocarse en primer lugar en los Estados Unidos como su objetivo prioritario.

Cualquier sucesor probablemente tenga pocas de esas cualidades. Ayman Zawahiri, el lugarteniente egipcio de bin Laden que se supone sea su inmediato sucesor, es un revolucionario muy capacitado, pero no tiene el carisma de bin Laden y muchos jihadistas ven a Zawahiri demasiado enfocado en disputas parroquiales dentro de la comunidad islámica. Puede que Zawahiri sorprenda a los escépticos, y que surja como un sucesor capaz, o que surja cualquier otro, pero los zapatos de bin Laden serán difíciles de llenar. El reclutamiento y la financiación pueden sufrir por el hecho de que ricos donantes envíen sus dineros hacia otras causas, mientras que jóvenes impresionables asuman luchas más locales que, mejor aún, se queden en sus casas.

La falta de un líder carismático podría crear fisuras en un movimiento siempre propenso a ellas. Grupos afiliados afines en Yemen, Argelia, y en otros lugares, pueden volverse aún más independientes, reduciendo el alcance global de Al Qaeda.

Aparte de sus cualidades de liderazgo, la misma supervivencia de bin Laden había sido un éxito para Al Qaeda. Por casi diez años bin Laden fue el enemigo público número uno: organizando los ataques terroristas y emitiendo declaraciones en los años posteriores al 11 de Septiembre públicamente demostró que los Estados Unidos, con todas sus riquezas y tecnologías, no era capaz de matar a un hombre que, a los ojos de sus simpatizantes, gozaba de la protección divina. Se convirtió en un símbolo en el mundo árabe y musulmán, y, de hecho, en los círculos revolucionarios globalmente, de la oposición anti-norteamericana. Su muerte termina con este desafío pero también envía otro mensaje: que Estados Unidos será implacable en la caza de sus enemigos. La naturaleza de la muerte de bin Laden –a manos de fuerzas norteamericanas en un audaz ataque- agrega un brillo adicional a la imagen de los Estados Unidos.

La muerte de bin Laden es particularmente oportuna a raíz de la ola democrática que está barriendo con Egipto, Túnez y otros lugares. Estas revoluciones envían el mensaje de que los árabes pueden hacerse cargo de su propio destino y lograr cambios de forma pacífica, un mensaje muy en desacuerdo con el violento extremismo en el corazón de la misión de Al Qaeda. Y ahora esta organización debe consagrar a un nuevo líder que tendrá que promoverse a sí mismo en un tiempo en el que muchos potenciales simpatizantes ahora tienen otros modelos de éxito. Para la juventud árabe, los levantamientos de estos últimos meses pueden hacer de un activismo pacífico una alternativa más convincente que la eterna jihad de Al Qaeda.

Los esfuerzos de la lucha contra el terrorismo de los Estados Unidos y sus aliados deberán continuar, y a corto plazo tal vez incluso incrementarse. El riesgo de ataques por venganza debe llevar a concentrarse en el refuerzo de las defensas. Y lo que es más importante, no habrán de terminarse los ataques agresivos a los líderes de Al Qaeda en Pakistán ni las campañas políticas y de inteligencia. Al Qaeda estará en pleno desorden, y arrestar o matar a los líderes que queda, interrumpir sus comunicaciones, y frustrar sus conspiraciones pueden ponerlos en fuga. -





 
Traducido de:

OBL is Dead, Al Qaeda Isn't: Why it's too early to declare victory / By: Daniel Byman. -- En: Foreign Policy (Argument), May 2, 2011
Para ver el art. original, por favor Click Aquí 

















26 marzo 2011

Fuera Lo Viejo, Dentro de lo Viejo: Los Seis Influyentes Intermediarios Que Buscan Gobernar en Medio Oriente


1. Arabia Saudita : Príncipe Nayef bin Abdul-Aziz

Nayef, con unos relativamente alegres 77 años, se ha desempeñado en Arabia Saudita como Ministro del Interior desde 1975, supervisando las luchas del reino contra el terrorismo y contra otras formas más pacíficas de disenso. Pero con el rey Abdullah, de 87 años, débil y avejentado, y su hermano el príncipe heredero Sultán, de 86, que se dice que sufre Alzheimer, muchos observadores del reino esperan que el ultraconservador Nayef sea el próximo jefe de la empresa familiar más rica y fuertemente armada del mundo. Entre los grandes éxitos de la línea dura del príncipe están: acusar a los “sionistas” de perpetrar los ataques del 11 de septiembre, rechazar la idea de las elecciones, y supervisar los pagos dirigidos hacia las familias de terroristas suicidas palestinos. El discurso del rey Abdullah del viernes 18 fue típico de Nayef: sin rastros de reformas política, con una prohibición de criticar a los clérigos, y una camionada de dinero para el establishment religioso wahabita del país.


2. Bahrein: Jeque Issa Qassim

El principal clérigo chiíta de Bahrein es una figura relativamente desconocida fuera de este pequeño reino del Golfo Pérsico, pero se ha convertido en un actor principal en lo que se está volviendo una creciente Guerra Fría sectaria en todo el Medio Oriente. Seguidor del Supremo Líder iraní Alí Khamenei, Qassim es tan reverenciado por la mayoría chiíta de Bahrein como desconfiado por la minoría sunita, que teme que se adhiera a la “velayat-e faqih”, la doctrina iraní del gobierno clerical.

De acuerdo con Katja Niethammer, investigadora europea, “Parece que hay pocas decisiones que pueden tomarse… sin la consulta previa con Issa Qassim, yendo desde cuestiones con respecto a la codificación planificada de la ley de estatus personal hasta la participación en las elecciones”.

Sin embargo, este clérigo ha tenido un papel relativamente moderado en los recientes eventos en Bahrein, instando a sus seguidores a que expresaran sus demandas pacíficamente. “Le digo a todo nuestro pueblo, Sunitas y Chiítas, que está prohibido derramar la sangre de cualquiera, bajo ningún pretexto”, dijo en un reciente sermón del Viernes. En otro afirmó que “Ellos pueden usar tanques y aviones para destruir nuestros cuerpos, pero nunca romperán nuestras almas y nuestros deseos de reformas”.

3. Libia: Mustafá Mohammed Abdel Jalil

Uno de los oficiales más destacados en desertar del gobierno de Muammar al-Gaddafi, Jalil encabeza el Consejo Nacional de Transición, grupo que se ha presentado a sí mismo como el liderazgo político del alzamiento libio. No está claro, sin embargo, qué clase de influencia tiene Jalil, quien fue ministro de justicia de Gaddafi hasta que renunció en la protesta del 20 de febrero. Y el resto del consejo tiene entre sus miembros a gentuza de la milicia y desertores militares que componen el ejército rebelde –o de hecho el público en general. Tampoco está claro si el consejo tiene influencias más allá del este de Libia, hogar de varios de los líderes del grupo. Sin embargo, con 59 años de edad, Jalil se ha ganado el respeto en algunos puntos inverosímiles: de los defensores de los derechos humanos. En agosto de 2010, Heba Morayef, de Human Rights Watch, elogió a Jalil por su ayuda en el intento de garantizar una justicia segura para un grupo de detenidos de forma arbitraria. La DPA, agencia de noticias alemana, describe al exabogado como “un conservador y devoto musulmán, no un islamista radical”.

4. Yemen: Ali al-Ahmar Muhsin

Cuando Ahmar repentinamente anunció su apoyo al movimiento de protesta que estuvo sacudiendo a este empobrecido país en las últimas semanas, los yemeníes y los analistas políticos llegaron a la conclusión de que el derrocamiento del Presidente Alí Abdullah Saleh era apenas una cuestión de tiempo. Anunciando su deserción, este brigadier general afirmó: “Los oficiales del ejército, que son parte importante de la comunidad y defensores del pueblo, yo proclamo, en su nombre, nuestro apoyo pacífico hacia la revolución de la juventud”.

Pero Ahmar, pariente y antiguo estrecho aliado de Saleh, no es un caballero de brillante armadura blanca. Como comandante del distrito militar noroccidental de Yemen, Ahmar ha sido la punta de lanza en la brutal lucha de Saleh contra los rebeldes chiítas, y en ocasiones ha utilizado a los jihadistas radicales como fuerza de choque. También está acusado de participar en una serie de actividades criminales. No obstante, su deserción ha sido seguida por decenas de otras figuras del régimen. “Ali Muhsin es, de lejos, la figura más poderosa en el ejército, y su anuncio abrió las compuertas”, escribe Gregory Johnsen, experto sobre Yemen en la Universidad de Princeton.

5. Egipto: Yusuf al-Qaradawi

Uno de los más destacados predicadores islámicos del mundo árabe, Qaradawi ha sido durante mucho tiempo un influyente defensor de la Hermandad Musulmana de Egipto a partir de su discurso en Doha, Qatar. Qaradawi, de 84 años, ha escrito decenas de libros sobre el Islam, y ha fundado IslamOnline, un influyente sitio web religioso con un enorme seguimiento global.

Encarcelado por el rey Farouk y Gamal Abdel Nasser, Qaradawi expuso su cuota de controversia elogiando a los terroristas suicidas palestinos e iraquíes, apoyando el maltrato a la mujer “como un último recurso”, y criticando duramente a los chiítas como “herejes”. Pero él también ha mostrado en ocasiones un lado ecuménico, como cuando el jeque antes exiliado regresó a Egipto tras la caída de Hosni Mubarak para dar las oraciones del Viernes y ofrecer su sermón a los musulmanes y a los cristianos. A pesar de su avanzada edad, Qaradawi ha jugado un importante rol en el fomento de las protestas árabes, condenando a autócratas como Mubarak y el tunecino Zine el-Abidine Bel Ali, emitiendo incluso una fatwa llamando a la muerte del dictador libio Muammar al-Gaddafi – a pesar de que sus críticas hacia los gobernantes del Golfo han estado notablemente enmudecidas. Qaradawi tiene prohibido entrar en los Estados Unidos.

6. Egipto: Sami Enán

El Consejo Militar Supremo de Egipto –la junta que derrocó a Mubarak el 11 de febrero y que se instaló a sí misma como guardiana de la transición democrática- está formalmente dirigida por el mariscal de campo Mohamed Hussein Tantawi, de 75 años de edad, un ex ministro de defensa descrito en uno de los cables de WikiLeaks como el “perrito faldero de Mubarak”. Pero es Sami Enan, de 63 años, el jefe dinámico de las fuerzas armadas, quien se considera tiene el respeto de las tropas –sin mencionar el de sus homólogos estadounidenses. Enan estudió en Rusia, habla un poco de francés, y se sabe que se ha echado un par de tragos de vez en cuando, aunque nunca se entrenó en Estados Unidos. En estos días, mientras hace malabarismos con los desafíos de dirigir un país, ya no sólo un ejército, Enan habla frecuentemente con altos oficiales militares de los Estados Unidos. “Si todavía él no es el hombre del Pentágono en Egipto,” informa el New York Times, “muchos esperan que lo sea”.

Traducido de:
 
Out with the Old, In with the Old: The six power brokers who are looking to run the new Middle East / By Blake Hounshell. - Foreign Policy (The List), March 22, 2011
 
Véase el art. original en: ForeignPolicy 

19 marzo 2011

Cuidado con los costos de una intervención en Libia!

El presidente John F. Kennedy alguna vez dijo que las intervenciones militares limitadas eran como tomarse una copa: una vez que se toma una y el efecto desaparece, hay que tomarse otra. Kennedy utilizaba esta metáfora rechazando las peticiones de sus agresivos asesores que le informaban de cómo un despliegue circunscrito en Vietnam resultaría decisivo.

Libia no es ni Vietnam ni Irak, y el caso de una intervención en Libia tiene que ser discutida en sus propios términos y por sus propios méritos. No obstante, los partidarios de una política más musculosa no le hacen justicia a su propia causa humanitaria, porque no se hacen las preguntas cruciales que los arquitectos de las guerras de Vietnam y de Irak en 2003 evitaron de forma tan irresponsable.

Con demasiada frecuencia, los defensores de una participación militar en Libia presentan su causa de una manera completamente antiséptica, improbablemente simple, y que no lleva, de ningún modo, a un enredo. Esto no quiere decir que no debamos intervenir, sino que, dadas nuestras recientes experiencias en Medio Oriente, deberíamos mantener un diálogo honesto acerca de los costos y las contingencias que podríamos enfrentar.

Bajo el auspicio de la Resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, Estados Unidos y sus aliados han de extender una zona de exclusión aérea para proteger a la ciudad bastión de los rebeldes, Bengasi. Tal acción posiblemente sea criticable, dado que es poco probable que las fuerzas del coronel Gadafi vayan a asaltar una ciudad protegida por fuerzas internacionales. Entonces, la cuestión es cómo manejar los centros urbanos que están bajo la ocupación brutal de Gadafi.


Los libios de Surt, Misurata, Zawiyah, Juda, y otras ciudades, ¿son menos merecedores de la protección humanitaria que los residentes, justamente jubilosos, de Bengasi? ¿Puede Bengasi permancer como el único santuario en el medio de una Libia en llamas? Para mitigar el asedio de otras ciudades libias, Estados Unidos ¿necesita ir más allá del poderío aéreo y desplegar realmente Fuerzas Especiales, armar a los rebeldes, y reconocer al naciente gobierno de oposición? Las preocupaciones morales de los Estados Unidos y de la comunidad internacional ¿pueden circunscribirse con delicadeza a las fronteras de Bengasi?


Es importante señalar que la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU aprobada a instancias de Washington no se trata sólo de una zona de exclusión aérea. En las postrimerías de la resolución, Estados Unidos está moral y prácticamente obligado a la supervivencia y viabilidad de la insurgencia anti-Gadafi. Mantenerse al margen e indiferente a que el clan de Gadafi deje solo el oasis de Bengasi mientras molesta a otras ciudades y ciudadanos, traiciona la causa que el Consejo de Seguridad aparentemente abrazó. De lo contrario, sólo acabamos de tomarnos una copa. Cuando el efecto desaparezca, ¿estamos preparados para tomarnos otra?


Traducido de:
 
Ray Takey: Beware the Costs of Libyan Intervention.
(Ray Takey, Senior Fellow for Middle Eastern Studies)
En:  Council on Foreign Relations, First Take,  March 18, 2011

Véase el art. original en: CFR

La imagen de la portada pertenece a Epistemowikia (no tiene nada que ver con el artículo original traducido).

01 marzo 2011

Libia: Tierra Incógnita

Una vez que los libios, y gran parte del mundo civilizado, terminen de regocijarse con la aparentemente inevitable caída de Muammar al-Gaddafi, este paíse se enfrentará con la difícil tarea de reparar una sociedad largamente traumatizada por el régimen más “orwelliano” de todo el Oriente Medio. Libia carece tanto de instituciones formales legítimas como de una sociedad civil en pleno funcionamiento. Por lo tanto, la nueva era, post-Gaddafi, posiblemente se vea signada por la emergencia de grupos nacionales suprimidos durante muchísimo tiempo, en lucha por la supremacía dentro de lo que seguramente será un escenario caótico.


Durante cuatro décadas Libia fue, en gran medida, una tierra incógnica, un lugar donde la descomunal personalidad de su líder quijotesco y una burocracia bizantina cubrían una red informal de agentes de poder en constante cambio. Incluso mucho antes de los actuales disturbios, trabajar con estas figuras era, como mucho, incierto –era “como arrojarles dardos a globos dentro de una habitación a oscuras”, como me dijo un alto diplomático occidental en 2009.

Un futuro cercano, aun si Gaddafi se fuera, este país podría enfrentarse con una competencia constante entre las fuerzas de una Libia libre y los elementos recalcitrantes del régimen. En particular, los hijos de Gaddafi (Saif al-Islam, Khamis, Al-Saadi, y Mutassim) y sus milicias seguidoras puede que no pasen tranquilamente a la clandestinidad; la lucha por erradicarlos puede llegar a ser violenta y prolongada (no nos olividemos, por ejemplo, de los hijos de Saddam Hussein, Uday y Qusay).

Saif al-Islam por mucho tiempo fue reconocido en Occidente como un paladín de la reforma en Libia, pero mostró su verdadero carácter como reaccionario, muy al estilo de su padre, cuando en un discurso difundido la semana pasada prometió un “baño de sangre”.

En Libia, muchos de los ataques contra los manifestantes y sus supuestos simpatizantes están siendo ordenados por el Capitán Khamis al-Gaddafi, quien comanda la 32ª Brigada, la fuerza con más entrenamiento y mejor equipamiento del régimen. Como los disturbios se propagaron, la estrella de Al-Saadi fue en ascenso: como brigadier de las fuerzas especiales fue enviado a aplacar primero, y reprimir luego, la revuelta cervecera en Benghazi el pasado 16 de febrero.

Finalmente, Mutassim, asesor del Consejo de Seguridad Nacional libio, según se informa, en 2008 habría buscado establecer su propia milicia, para mantenerse al ritmo de sus hermanos, y tendría fuertes vínculos con una gran cantidad de conservadores e intransigentes.

Alineados contra estos resabios de Gaddafi, están los miembros de las fuerzas armadas y de seguridad libias, que se han unido a la oposición. A partir de principios de la década de 1990, Gaddafi debilitó, de forma deliberada, al cuerpo de oficiales libios, tras una sucesión de intentos de golpes de estado por parte de oficiales de bajo rango provenientes de las tribus de Warfalla y al-Magariha. Estas tribus se habían visto cada vez más marginadas por la propia tribu de Gaddafi, es decir, la de al-Qaddadfa, y estaban irritadas por la desastrosa guerra librada contra Chad a principios de los 1980s. A partir de entonces, Gaddafi mantuvo en general a los militares con fondos insuficientes, mientras dedicaba recursos y entrenamientos para las unidades de elite compuestas por los aliados tribales de al-Qaddadfa. Más tarde les confiaría estas unidades a sus hijos.

Con el transcurso de los años, la infraestructura del ejército regular se dilapidó tanto, y su presupuesto quedó tan magro, que, por ejemplo, los altos mandos (coroneles, generales) llegaron a utilizar ropas de civil para cuidar así sus uniformes. Algunos de los oficiales de más alto rango (entre ellos, quienes apoyaron a Gaddafi en el golpe de 1969) fueron obligados a retirarse después de los alzamientos en Túnez y Egipto, para evitar que lideraran algún tipo de oposición. Pero a pesar de todo, este cuerpo de oficiales, débil como está, puede ser el único cuerpo forma capaz de representar los verdaderos intereses nacionales libios, imparciales, en una era post-Gaddafi, y, lo más importante, evitar un estallido de violencia vengativa.

Las tribus libias también serán fundamentales para la gobernabilidad y la reconciliación nacional. El golpe de estado de Gaddafi en 1969 anuló el dominio tradicional de las tribus costeras orientales de la cirenaica a favor de las otras tribus, las del oeste y el interior del país. Si bien el régimen de Gaddafi se oponía (al menos en teoría) a la identidad tribal, su longevidad dependió en gran medida de una endeble coalición entre las tres tribus principales: al-Qaddadfa, al-Magariha y al-Warfalla.

En 1993, Gaddafi, aprovechando el poder de las tribus para la burocracia revolucionaria, tomó medidas creando “comités populares de liderazgo social”, responsables del mantenimiento del orden local. Este movimiento fue un reconocimiento tácito no solamente de la importancia de las tribus y de sus elites tradicionales en la política libia, sino también de que los instrumentos de poder estatal, ya de varios años (los despreciados comités revolucionarios), se habían vuelto demasiado corruptos y escleróticos como para controlar a la población.

En una era post-Gaddafi, los recientemente derrotados baluartes tribales del antiguo régimen (al-Magariha y al-Warfalla) tendrán un rol fundamental en la legitimidad y unidad del nuevo gobierno. Dicho esto, la debilidad y fragmentación de las fuerzas armadas y la disponibilidad de los recursos petroleros ponen de relieve la amenaza, bastante real, del señorío de la guerra tribal.

No obstante ello, la influencia tribal se ve atenuada por otras adhesiones: una fuerte clase media y, cada vez más, la religión.

Entre los islamistas de Libia, el Grupo Libio de Lucha Islámica atrajo por mucho tiempo la atención de Occidente debido a su asociación con al-Qaeda. Pero después de Gaddafi, las redes no-salafistas, menos visibles, serán mucho más importantes (es decir, las órdenes sufíes y la Hermandad Musulmana).

La orden sufí revivalista Sanussiya ocupa un lugar preemiente en la memoria colectiva del país. Proporcionó la base organizativa para la resistencia libia ante la ocupación italiana, y fue el pilar de sostén para la monarquía del rey Idris, quien mantuvo su poder soberano entre 1951 y 1969.

A pesar de que fue largamente hostil hacia el Sufismo, considerándolo una amenaza potencial para su poder, Gaddafi mismo comenzó una política de apoyo para las redes sufíes de caridad, tratando de amortiguar un poco el sufismo radical.

La Hermandad Musulmana, silenciada por mucho tiempo, también podría emerger como una poderosa fuerza. Tal vez sea muy significativo el hecho de que esta organización estuviera entre los primeros grupos libios en saludar al nuevo régimen en Egipto.

Todas estas influencias se basan en una división histórica a lo largo de la costa del Mediterráneo, que discurre entre Trípoli y la provincia oriental de Cirenaica, la base histórica de la monarquía Sanussi. Las dos regiones están divididas por diferencias lingüísticas y culturales, así como también por un vasto desierto. Las partes tribales orientales se vinculan con Egipto e incluso con la Península Arábiga, en lugar de hacerlo con el Maghreb. Después de derrocar a la monarquía, Gaddafi cambió el poder político y los recursos económicos hacia Trípoli, lo cual iba a exacerbar aún más la división regional.

En la era post-Gaddafi libia, Cirenaica podría verse tentada a reafirmar su primacía histórica. Para empezar, esta área produce toda la riqueza petrolera del país. Además lleva el orgulloso legado de haber liderado no una sino dos luchas de resistencia: la campaña guerrillera anti-italiana bajo la dirección del líder sufí Omar al-Mukhtar, y este 17 de febrero, el “Día de la Ira”, que fue bautizado por sus organizadores –no por casualidad- como la “Revolución Mukhtar”.

La periferia sur, escasamente poblada y muy mal gobernada, también competirá por los recursos y las influencias en el nuevo estado. Los grupos étnicos no-árabes con lazos transnacionales a lo largo del Sahel y de la franja del Sahara –los Amazigh (Bereberes), Tuaregs, y Toubou- se vieron marginados por Gaddafi. Sin dudas ahora buscan enmendar esta injusticia, y tienen todos los medios para hacer escuchar sus preocupaciones.

Inmediatamente antes de los disturbios de Benghazi, el activismo entre los Amazigh era la principal preocupación de Gaddafi en cuanto a la seguridad. Los Tuareg libraron una larga rebelión, que se extendió a través de Argelia, Níger y Malí, y los descontentos Toubou protagonizaron periódicos disturbios en los pueblos del sur.

En un futuro cercano, una administración fuerte pero equitativa será esencial para incorporar a estos grupos periféricos y, también, para evitar que al-Qaeda aproveche en el Maghreb islámico una situación de maniobrabilidad nueva generada en una zona cargada de rencores de larga data.

La nueva Libia va a necesitar de instituciones pluralistas, una constitución, y mecanismos de reparto de recursos para asegurar que una rivalidad Tripolitana-Cirenaica, el excesivo poder tribal, y las quejas étnicas no echen por tierra las ganancias de las últimas semanas. En este caso, la constitución de 1951 es un buen punto de partida: establece una estructura federal que brinda un grado de autonomía provincial, una capital rotativa entre Benghazi y Trípoli (esto fue modificado en 1963 a favor de un sistema más centralizado), y una legislatura bicameral.

Los líderes del nuevo estado necesitarán también adoptar un punto de vista magnánimo hacia los remanentes de la antigua burocracia. La Corporación Nacional del Petróleo, la Compañía de Inversiones Extranjeras Libio Árabe, y los varios comités populares pueden ser armas del estado dirigido por Gaddafi, pero también son reservorios de experiencia tecnocrática, administrativa y económica. La monarquía Sanussi, que está en el exilio desde que Gaddafi tomó el poder en 1969, también debería ser incluida –pero entendiendo que su legitimidad entre muchos libios se ha visto mermada por su larga ausencia del país.

Lo que es más importante, el ejército libio y el aparato de seguridad tendrán que desarrollar sus propias identidades, que respeten y diluyan las afiliaciones de tribu y geografía. Tendrán que extender las órdenes del gobierno post-Gaddafi hacia las zonas del interior del país y asegurar sus fronteras. Pero por sobre todas las cosas, las instituciones de seguridad del país tienen que reconstruirse a sí mismas de modo tal que se se subordinen incondicionalmente a la autoridad civil. Deben garantizar que el pretorianismo y los privilegios oficiales, que dieron lugar a la pesadilla de Gaddafi en primer lugar, nunca más puedan resurgir en el país. -





Fuentes

Traducido de: Libya´s Terra Incognita: Who and What Will Follow Qaddafi? / By: Frederic Wehrey. Foreign Affairs, February 28, 2011
véase el art. original en: Foreign Affairs

La imagen de la portada pertenece al siguiente blog: Dexedrina: partiendo de la nada hemos alcanzado las más altas cotas de miseria (art. "Gaddafi o el síntoma del uniforme")

05 febrero 2011

Egipto: La Hermandad Musulmana (al-Ikhwan al-Muslimeen)


La Hermandad Musulmana (conocida en árabe como “as al-Ikhwan al-Muslimeen”) es la organización islamista más grande y más antigua de Egipto. Fundada en 1928 por Hasan al-Banna, es considerada ampliamente como la organización islamista más influyente del mundo, con varias ramificaciones y afiliados. Es “la madre de todos los movimientos islamistas”, según Shadi Hamid, experto en asuntos de Oriente Medio en la Institución Brookings. El grupo ha emergido como el mayor movimiento opositor en Egipto. Muchos analistas esperan que la Hermandad juegue un rol mucho más importante dentro del futuro de este país, después de las protestas contra el gobierno en este año 2011, protestas en las que cientos de miles de egipcios tomaron las calles para exigir reformas políticas y económicas y la dimisión del autocrático presidente Hosni Mubarak. “Sin la Hermandad Musulmana, no hay ni habrá ninguna legitimidad en lo que suceda en Egipto de ahora en más”, afirma Ed Husain, alto miembro del CFR (Council on Foreign Relations). Pero existen serias preocupaciones acerca del objetivo de este grupo de establecer un estado regido por la sharía o ley islámica, interrogantes sobre su apoyo al proceso de paz en Oriente Medio y su política hacia Israel y los Estados Unidos, y una ambigüedad sobre su respeto hacia los derechos humanos.
Una Historia de Violencia

La misión original de la Hermandad Musulmana era islamizar la sociedad a través de la promoción de la ley islámica, sus valores, y su moral. Siendo ya desde sus inicios un movimiento revivalista islámico, en su obra ha combinado la religión, el activismo político, y la asistencia social. Adoptó lemas tales como “El Islam es la solución” y “La jihad es nuestro camino”. Tuvo participación en la lucha contra el régimen colonialista británico, y fue proscripto durante un breve lapso en 1948 por haber orquestado atentados con bombas dentro de Egipto, y por haber asesinado (presuntamente) al primer ministro egipcio, Mahmoud al-Nugrashi. Más tarde experimentó un brevísimo periodo de buenas relaciones con el gobierno, que había llegado al poder a través de un golpe militar, y que le puso fin al dominio británico en 1952. Pero, después de un fallido intento de asesinar al presidente Gamal Abdul Nasser en 1954, este grupo fue proscripto una vez más.

En ese momento, Sayyid Qutb, un prominente miembro de la Hermandad, estableció las bases ideológicas para el uso de la Jihad, o lucha armada, contra el régimen en Egipto y otras partes. Los escritos de Qutb, en particular su obra “Milestones” (“Hitos”, 1964), les proporcionaron los fundamentos intelectuales y teológicos a los fundadores y militantes de numerosos grupos islamistas radicales, incluyendo a al-Qaeda. Los líderes extremistas a menudo recurren a Qutb para argumental que los gobiernos no regidos por la sharía son apóstatas y, por lo tanto, objetivos legítimos en la jihad.

La Hermandad dio origen a numerosas ramas en todo el planeta. Estas organizaciones llevan el nombre de la Hermandad, pero sus conexiones con el grupo fundador varían. Los detractores de la Hermandad argumentan que el grupo sigue teniendo ciertos vínculos con el Hamas, una organización calificada como terrorista por parte de Estados Unidos, la Unión Europea e Israel, y que al principio era un brazo de la Hermandad Musulmana en territorios palestinos. Pero otros analistas argumentan que la naturaleza de estos vínculos no está del todo clara. Además, algunos de los terroristas más peligrosos del mundo fueron alguna vez miembros de la Hermandad Musulmana egipcia, incluyendo por supuesto al segundo de Osama bin Laden, Ayman al-Zawahiri.

Pero Husain (del CFR) dice que es un error responsabilizar a la Hermandad Musulmana “por las acciones de toda su descendencia intelectual”. Desde el 11 de septiembre, destacados miembros de la Hermandad públicamente renunciaron a la violencia, e intentaron distanciarse de las prácticas violentas de al-Qaeda. La entrada de la Hermandad en la política electoral también agrandó el cisma entre ellos y grupos como al-Qaeda. Zawahiri había criticado abiertamente la participación de la Hermandad en las elecciones parlamentarias del año 2005.

Pero al igual que otros movimientos sociales masivos, la Hermandad Musulmana de Egipto no es nada más que un monolito; comprende a los de la línea dura, a los reformistas, y a los centristas, según lo afirma Lydia Khalil, experta en terrorismo. Y algunos dirigentes de la línea dura han expresado su apoyo hacia al-Qaeda o hacia el uso de la jihad violenta. Por ejemplo, hace muy poco, en el año 2006, señala Khalil, un miembro de la Hermandad elegido como parlamentario, Ragib Hilal Hamid, manifestó su apoyo al terrorismo frente a la ocupación occidental. Ejemplos como este son los que plantean las inquietudes acerca del compromiso del grupo en cuanto a la no-violencia.

Hacia políticas pragmáticas

La Hermandad Musulmana egipcia tiene más de 300.000 miembros, y maneja varias instituciones, incluyendo hospitales, escuelas, bancos, empresas, fundaciones, centros asistenciales, tiendas de segunda mano, clubes sociales, e instalaciones para discapacitados.
Desde la década de 1970, este grupo no ha participado en ninguna actividad violenta, y, aunque está proscripto oficialmente, el gobierno egipcio le permitió operar dentro de ciertos límites, manteniéndolo a raya con frecuentes detenciones y otras medidas enérgicas. No obstante, en los últimos treinta años ha incrementado su avance en la corriente política, primero a través de alianzas con otros partidos de la oposición, y después, poniendo miembros de la Hermandad como candidatos independientes en las elecciones parlamentarias.
Algunos analistas sostienen que el grupo ha evolucionado para volverse más moderado y abrazar principios democráticos y liberales tales como la transparencia y la responsabilidad. Samer Shehata y Joshua Stacher, analistas los dos, señalaban en el “Middle East Report” (2006) que el grupo se había “decidido por la estrategia de la participación política”. Candidatos afiliados a la Hermandad participaron en elecciones locales y parlamentarias primero como independientes, en 1984, pero su proyección electoral de mayor éxito fue en el 2005, cuando sus candidatos ganaron 88 escaños, o sea el veinte por ciento de la legislatura.
“El Ikhwan siguió el camino de la tolerancia, y finalmente encontró a la democracia compatible con su noción de una lenta islamización”, escribían los expertos Robert S. Leiken y Steven Brooke en un artículo en “Foreign Affairs”, del año 2007. Pero también señalaban que muchos analistas “se preguntan si la adhesión de la Hermandad para con la democracia es simplemente una cuestión táctica y transitoria -un compromiso oportunista” en la política electoral.

Otro signo más de la política pragmática de la Hermandad, sostienen algunos expertos, llegó claramente en las protestas a principios del 2011, cuando el grupo manifestó su apoyo hacia el Premio Nobel y ex director de la Agencia Internacional de Energía Atómica, Mohamed ElBaradei, un líder opositor.

Hamid apunta también al bajo perfil del grupo en las protestas como una señal de la política de compromiso y supervivencia. “Ellos saben que el mundo teme el ascenso de los islamistas en Egipto, y no quieren darle al régimen un pretexto para reprimir a los manifestantes”, dice. Sostiene además que “en su núcleo, la Hermandad Musulmana es una organización pragmática”, y que continúa con su obra social y de caridad con una relativa libertad de movimiento. El grupo evita cuidadosamente toda confrontación con el régimen egipcio. En marzo de 2007, el gobierno de Mubarak reformó la constitución con el fin de prohibir partidos políticos basados en la religión, un movimiento que el grupo de control “Freedom House”, con sede en Washington, afirmó que aseguraba “la continua supresión de la Hermandad Musulmana”.

¿Un estado islámico?

Establecer un estado islámico basado en la sharía es el centro de la ideología de la Hermandad Musulmana, tanto en Egipto como en los muchísimos brazos de este grupo en el resto del mundo. Pero la Hermandad en Egipto frecuentemente ha dicho que está comprometido con una islamización gradual y pacífica, y sólo con el consentimiento de los ciudadanos egipcios. En estos últimos tiempos, algunos dirigentes han rechazado la idea de un estado islámico, y han expresado su compromiso para trabajar con otros partidos seculares y liberales. En los últimos tiempos los líderes del grupo han comenzado a apartarse de su enfoque central dirigido hacia la sharía, pero como lo demuestra este artículo todavía existe una gran ambigüedad en cuanto a si ellos legislarían en base al Islam si tuvieran la oportunidad. “Se preocupan por la ley islámica, pero realmente no saben qué quieren decir con eso”, según Hamid. Hay una ambigüedad similar en su exigencia de mayor respeto hacia los derechos humanos, en especial en lo que concierne a los derechos de las mujeres.

El fantasma de la revolución iraní de 1979 ocupa un lugar preponderante para muchos en Occidente que temen un régimen islamista en Egipto si la Hermandad Musulmana llega al poder. Steven Cook (del CFR) observa cómo Mubarak ha usado a la organización como su “cuco” durante tres décadas para “atizar los temores de los sucesivos gobiernos americanos y, al mismo tiempo, asegurarse el generoso apoyo diplomático, político y financiero de Washington”.

Estas preocupaciones resurgieron en Occidente a raíz de las protestas públicas a principios de 2011 en Egipto para sacarlo a Mubarak. También los líderes israelíes temen que se repita lo de 1979. Mientras tanto, los clérigos y funcionarios iraníes aclamaron estas protestas, intentando presentarlas como un punto de concentración del islamismo con su origen en la revolución de Irán.

Algunos analistas desestiman estos temores, señalando las diferencias entre la poderosa clerecía chiíta en Irán y una Hermandad Musulmana sunita. “Los musulmanes sunitas no tienen una doctrina de obediencia absoluta hacia su clerecía, y la clerecía no es tan importancia en la vida religiosa sunita como sí lo son los Ayatollahs chiítas en Irán”, escribe Juan Cole, profesor de historia en la Universidad de Michigan. Además, los expertos señalan que la Hermandad Musulmana escasamente sea el grupo religioso más importante del país. El quietista movimiento Salafita y los sufíes son parte de los principales grupos religiosos en el país.

Sin embargo, Husain piensa que un Egipto llendo por el mismo camino iraní es un temor genuino. “Y entonces los demócratas seculares desataron una revolución solamente para ser rechazados por los fundamentalistas. Hoy en día, los egipcios comunes llevan adelante manifestaciones, pero la Hermandad espera tras bambalinas; una fuerza indispensable en la vida nacional”. Husain sostiene que hoy Estados Unidos debería empezar ya a tratar con la Hermandad Musulmana.

Implicancias para los Estados Unidos

Egipto es un importante aliado estratégico para los Estados Unidos en la región, específicamente en la búsqueda de un proceso de paz árabe-israelí. Como lo señala un informe de este año del Servicio de Investigación del Congreso (CRS), desde 1979 Egipto ha sido el segundo receptor más grande, después de Israel, de asistencia exterior de los Estados Unidos.

Para Estados Unidos, sus objetivos más importantes en cuanto a la política exterior en Egipto son: la paz de Egipto con Israel, el acceso norteamericano al Canal de Suez, y la cooperación militar bilateral en general. Por lo tanto, Washington estaría de acuerdo con un gobierno en El Cairo que apoyara estos objetivos.

La postura de la Hermandad Musulmana respecto a estos temas hace que Estados Unidos se preocupe en cuanto a la legitimidad de este grupo, según varios analistas. “No comparte el punto de vista americano acerca de la arquitectura de la seguridad en la región”, afirma Hamid, agregando que “Es fuertemente anti-israelí… y no apoya los procesos de paz”. También se ha dicho que este movimiento celebraría un referendo por los acuerdos de paz de Camp David en 1979 con Israel si llegara al poder.

Leslie Gelb, presidente emérito del CFR que se desempeñó también como alto funcionario en los departamentos de Estado y de Defensa de los Estados Unidos, afirmó que si la Hermandad sube al poder en Egipto “sería calamitoso para la seguridad del país” (Daily Beast). Y agrega: “Sería engañoso tomar las protestas democráticas de la Hermandad Musulmana en su valor nominal”.

Por otra parte, Bruce Riedel, ex miembro de la CIA y experto en Oriente Medio y Sur de Asia, añade: “vivir con ellos no será fácil, pero no deben considerarse inevitablemente como nuestros enemigos”. Y recomienda que “Ni los demonicemos ni los refrendemos”.

Pero otros analistas apuntan a las cambiantes realidades sobre el terreno para promover un compromiso con la organización. El aislamiento del grupo, argumentan algunos, implica que Washington perdería ventajas con cualquier gobierno futuro en el que participara la Hermandad. Husain (del CFR) advierte que Washington no debería aislar al grupo pero tampoco fortalecerlo sin darse cuenta. El compromiso, dice, debe basarse en los problemas. “El pluralismo, los derechos humanos, e Israel, deben estar, por lo tanto, en el centro de las conversaciones con los islamistas de Egipto”.


Traducido de:

Jaysrhee Bajoria: Egypt's Muslim Brotherhood. En: Council on Foreign Relations, Backgrounder (February 3, 2011)

Véase el art. original en: Backgrounder (CFR)

(La imagen de la portada no pertenece al artículo original)