14 diciembre 2009

Dios, Religión y Política (2)




“Dios es malo para la mujer”


Sí. Lamentablemente es cierto que ninguna de las principales religiones a nivel mundial ha sido buena para las mujeres. Incluso cuando una tradición hubiera comenzado de forma positiva para la mujer (como el Cristianismo y el Islam), en el lapso de unas pocas generaciones los hombres la retrotrajeron al viejo patriarcado. Pero todo está cambiando. Las mujeres en todas las religiones están desafiando a los hombres en el terreno del igualitarismo, que es una de las mejores características de todas estas tradiciones religiosas.

Uno de los sellos distintivos de la modernidad ha sido la emancipación de las mujeres. Pero esto también ha implicado que, en su rebelión contra el espíritu moderno, los fundamentalistas tendieran a exagerar los tradicionales roles de género. Lamentablemente, los ataques frontales en esta tendencia patriarcal a menudo han resultado contraproducentes.

Cada vez que los gobiernos “modernizadores” han intentado prohibir el velo, por ejemplo, más cantidad de mujeres se apresuraron a ponérselo. En 1935 el Shan Muhammad Reza Pahlevi ordenó a sus soldados disparar a cientos de manifestantes, desarmados, que protestaban pacíficamente contra la vestimenta occidental obligatoria en Mashhad, uno de los lugares más sagrados de Irán. Acciones de esta clase han convertido al uso del velo, que no era una práctica universal antes del periodo moderno, en un símbolo de la integridad islámica. Algunos musulmanes hoy proclaman que no es esencial ver al Occidente para ser modernos, y que mientras la moda occidental a menudo hace un gran despliegue de riqueza y privilegios, la vestimenta islámica hace hincapié en el igualitarismo del Corán.

En general, toda intervención occidental directa en cuestiones de género han fracasado; sería mujer respaldar a los movimientos musulmanes nativos que hacen campañas por la mejora de oportunidades para las mujeres en la educación, el trabajo y la política.

“Dios es el enemigo de la Ciencia”

No tiene que serlo. La ciencia se ha convertido en un enemigo para los cristianos fundamentalistas que luchan contra la enseñanza de la evolución en las escuelas públicas y las investigaciones con células-madre porque parecen entrar en conflicto con la enseñanza bíblica.

Pero su lectura de las Escrituras es literal a un nivel sin precedentes. Antes del periodo moderno, pocos entendían el primer capítulo del Génesis como un relato exacto de los orígenes de la vida; hasta el siglo XVII, los teólogos insistían en que si un texto bíblico contradecía a la ciencia, debía interpretarse alegóricamente.

El conflicto con la ciencia es sintomático de una idea reduccionista de Dios en el Occidente moderno. Irónicamente, fue el énfasis empírico de la ciencia moderna lo que alentó a muchos a considerar a Dios y al lenguaje religioso como un hecho, en lugar de un símbolo, forzando a la religión hacia un literalismo excesivamente racional, dogmático y extraño.

El fundamentalismo popular representa una rebelión generalizada contra la modernidad, y para los Cristianos fundamentalistas la evolución tipifica todo lo que está mal en el mundo moderno. Se considera menos una teoría científica que un símbolo del mal. Pero este prejuicio contra la ciencia es mucho menos común en el Judaísmo y el Islam, donde los movimientos fundamentalistas han estado provocados más por cuestiones políticas, como por ejemplo el Estado de Israel, que por doctrinales o científicas.

“Dios es incompatible con la Democracia”


No. Samuel Huntington preveía un “choque de civilizaciones” entre el mundo libre y el Islam, que, según él, era inherentemente adverso a la democracia. Pero a principios del siglo XX, casi todos los intelectuales musulmanes más importantes estaban enamorados de Occidente y querían que sus países se parecieran justamente a Gran Bretaña o Francia. Lo que ha distanciado a muchos musulmanes del ideal democrático no es su religión, sino el apoyo de gobiernos occidentales hacia gobernantes autocráticos, como por ejemplo los shahs de Irán, Saddam Hussein, y Hosni Mubarak, que les han negado a sus pueblos los derechos humanos básicos y los derechos democráticos.

Un sondeo del año 2007, de Gallup, muestra que el apoyo hacia las libertades democráticas y los derechos de las mujeres está presente ampliamente en el mundo musulmán, y muchos gobiernos están respondiendo (aunque con dificultades) a presiones por una mayor participación política. Sin embargo, hay una cierta resistencia a la adopción sistemática del modelo secular occidental. Muchos quieren ver a Dios reflejado más claramente en la vida pública, precisamente como lo revelaba una encuesta de Gallup (2006): un 46 por ciento de los norteamericanos creen que Dios debería ser la fuente de la legislación.

Pero tampoco la “sharia” es el sistema legal rígido que muchos occidentales deploran. Los reformistas musulmanes, como el jeque Ali Gomaa y Tariq Ramadan, argumentan que la sharia tiene que ser revisada a la luz de las cambiantes circunstancias sociales. Una “fatwa” no es universalmente vinculante, como un edicto papal, sino que expresa simplemente la opinión del muftí que la emitió. Los musulmanes pueden elegir las fatwas que quieran adoptar, y participan de esta forma en un mercado, libre y flexible, de pensamiento religioso, igual que los norteamericanos pueden elegir a qué iglesia asistir.

Puede que la religión no sea la causa de los problemas políticos del mundo, pero todavía necesitamos comprenderla si queremos resolverlos. “¡Quién ha tomado a la religión seriamente!” exclamaba un exasperado funcionario del gobierno estadounidense después de la Revolución Iraní. Si los políticos se hubieran tomado el trabajo de investigar sobre el chiísmo contemporáneo, Estados Unidos podría haber evitado graves errores durante aquella crisis. La religión debería ser estudiada con la misma imparcialidad académica, con la misma precisión, que la economía, la política, y las costumbres sociales de una región, de modo que aprendamos cómo interactúa la religión con las tensiones políticas, lo cual es contraproducente, y cómo evitar las ofensas innecesarias.

Y estudiarla será mucho mejor, porque Dios está de vuelta. Y si “él” es percibido de un modo idólatra, de pensamiento literal, sólo podremos esperar dogmatismo, rigidez, y violencia articulada religiosamente, en las próximas décadas.

Para saber más

Karen Armstrong ha pasado los últimos 25 años escribiendo acerca de la centralidad de la religión en la experiencia humana. Antes de su libro más reciente, “The Case for God” (New Cork: Knopf, 2009), escribió “The Bible: A Biography” (New Cork: Athlantic Monthly Press, 2007), un relato no del todo ortodoxo de cómo se creó la Biblia.

En estos últimos años, los llamados “Nuevo Ateos” se han vuelto cada vez más ruidosos acerca de los peligrosos defectos de la religión en libros tales como “The End of Faith: Religion, Terror, and the Future of Reason”, de Sam Harris (New Cork: W. V. Norton, 2004), “The God Delusión”, de Richard Dawkins (New Cork: Houghton Mifflin, 2006), y “God Is Not Great: How Religion Poisons Everything”, de Christopher Hitchens (New Cork: Hachette Book Group, 2007).

Recientemente, algunos libros han buscado un punto medio entre el ateísmo y el fundamentalismo. Entre ellos están: el de Robert Wright: “The Evolution of God” (New York: Little, Brown and Company, 2009), que incorpora la psicología evolutiva para explicar los cambios en la creencia a lo largo del tiempo; y el de los editores del Economist, John Micklethwait y Adrian Wooldridge, “God is Back” (New York: Penguin, 2009), que examina la curiosa relación vital entre la modernidad y la religión. John Esposito, estudioso de la religión, y Dalia Mogahed, experta en sondeos, argumentan en “Who Speaks for Islam: What a Billion Muslims Really Think” (New York: Gallup Press, 2007), un libro basado en más de 50.000 entrevistas en países musulmanes, que los occidentales han malinterpretado al Islam durante décadas.
***** Primera Parte: Dios, Religión y PolíticaTraducido de: Think Again: God. By Karen Armstrong. Foreign Policy (nov/dic 2009)
véase el art. original en:
**** La traductora no comparte necesariamente los conceptos vertidos en este artículo.

28 noviembre 2009

Dios, Religión y Política



“Dios ha muerto”

No. Cuando Friedrich Nietzsche anunció la muerte de Dios en 1882, pensaba que en el mundo moderno y científico la gente muy pronto ya no toleraría la idea de la fe religiosa. Al momento en que The Economist publicó su famosa portada “God is Dead” en 1999, la cuestión parecía discutible, a pesar del aumento de la religiosidad politizada (el fundamentalismo) en casi todas las principales religiones desde la década de 1970. Un oscuro ayatollah derrocaba al shah de Irán, el sionismo religioso salía a la luz en Israel, y en Estados Unidos la Mayoría Moral de Jerry Falwell anunciaba su oposición dedicada al “humanismo secular”.

Pero es sólo a partir del 11 de septiembre de 2001 que Dios ha demostrado estar vivo y mucho más allá de toda duda (por lo menos en lo que respecta al debate público global). Con jihadistas atacando a Estados Unidos, un Medio Oriente cada vez más radicalizado, y un cristiano renacido en la Casa Blanca durante ocho años, será dificil encontrar a alguien en desacuerdo. Incluso, el editor en jefe del The Economist coescribió un libro titulado “God is Back” (Dios ha regresado). Mientras que todavía muchos cuestionan la relevancia de Dios en nuestras vidas privadas, hay un debate diferente en la escena global: ¿Dios es una fuerza benéfica para el mundo?

Los llamados nuevos ateos, como Richard Dawkins, Sam Harris y Christopher Hitchens, han denunciado la creencia religiosa no sólo como retrógrada sino también como maligna; se consideran a sí mismos como la vanguardia de una campaña por extirparla de la conciencia humana. La religión, según ellos, crea divisiones, conflictos y guerra; aprisiona a las mujeres y les lava el cerebro a los niños; sus doctrinas son primitivas, no científicas, e irracionales; esencialmente, la preservación de lo ingenuo y lo crédulo.

Estos escritores se equivocan, no sólo en cuanto a la religión sino además sobre la política, porque se equivocan sobre la naturaleza humana. El Homo sapiens es también un “Homo religiosus”. Tan pronto como nos hicimos reconociblemente humanos, los hombres y las mujeres comenzamos a crear religiones. Somos criaturas buscadoras de sentido. Los perros, hasta donde sabemos, no se preocupan por su condición canina, ni tampoco les atormenta su mortalidad; pero los seres humanos caemos muy fácilmente en la desesperación si no le encontramos algún sentido a nuestra vida. Las ideas teológicas van y vienen, pero la búsqueda se significados o sentidos siempre continúa. De manera que Dios no se va a ninguna parte. Y cuando tratamos a la religión como algo a ser ridiculizado, desestimado, o destruido, corremos el riesgo de amplificar sus peores falencias. Nos guste o no, Dios está auí para quedarse, y es tiempo de que encontremos la forma de vivir con él equilibradamente, de manera compasiva.


No. Eso lo hacen los seres humanos. Para Hitchens (en su obra “God is not great”) la religión es inherentemente “violenta... intolerante, aliada con el racismo, el tribalismo y la intolerancia”; hasta los llamados “moderados” son culpables por asociación. Sin embargo, no es Dios ni la religión, sino la violencia misma (inherente a la naturaleza humana) lo que engendra la violencia. Como especie, sobrevivimos matando y comiéndonos a otros animales; también matamos a los de nuestra misma especie. Tan omnipresente es esta violencia que se filtra en la mayoría de las escrituras, aunque estos agresivos pasajes siempre se equilibran y se revisan mediante otros textos que promueven una ética compasiva basada en la Regla de Oro: Trata a los demás como te gustaría que te trataran a tí. A pesar de fallas manifiestas a lo largo de los siglos, esta sigue siendo la posición ortodoxa.

Al afirmar que Dios es la fuente de toda la crueldad humana, Hitchens y Dawkins ignoran algunas de las facetas más oscuras de la moderna sociedad secular, que han sido espectacularmente violentas debido a que nuestra tecnología nos ha permitido matar personas a una escala sin precedentes. No es de sorprenderse que la religión haya absorbido esta beligerancia, como quedó muy claro a partir de las atrocidades del 11 de Septiembre de 2001.

Pero las guerras “religiosas”, sin importar cuáles sean sus herramientas, siempre comienzan como guerras políticas. Esto ocurrió en Europa durante el siglo XVII, y sigue pasando actualmente en Medio Oriente, donde el movimiento nacional palestino ha evolucionado desde secular de izquierda hasta un nacionalismo articulado cada vez más con lo islámico. Incluso las acciones de los llamados “jihadistas” se han inspirado en la política, no en Dios. En un estudio sobre ataques suicidas entre 1980 y 2004, el norteamericano Robert Pape concluyó que el 95 por ciento de estos atentados estaban motivados por un claro objetivo estratégico: obligar a las democracias modernas a retirarse de los territorios que los agresores consideran como su patria nacional.

No obstante, esta agresión no representa la fe de la mayoría. En una reciente encuesta de Gallup, efectuada en 35 países musulmanes, sólo un 7 por ciento de los encuestados pensaba que los ataques del 11 de septiembre eran justificados. Sus razones eran completamente políticas.

El fundamentalismo no es conservador. Más bien, es muy innovador –incluso herético- porque siempre se desarrolla en respuesta a una crisis percibida. En su ansiedad, algunos fundamentalistas distorsionan la tradición que intentan defender. El ideólogo pakistaní Abu Ala Maududi (1903-1979) fue el primer pensador musulmán importante en hacer la jihada, entiendo “guerra santa” en lugar del tradicional sentido de “lucha” o “esfuerzo” de autosuperación, un deber musulmán central. Tanto él como el influyente pensador egipcio Sayyid Qutb (1906-1966) eran plenamente conscientes de que esto era extremadamente controvertido, pero creían que estaba justificado por el imperialismo occidental y las políticas secularizantes de gobernantes como el presidente egipcio Gamal Abdel Nasser.

Todo fundamentalismo –sea judío, cristiano o musulmán- está basado en un profundo temor de aniquilación. Qutb desarrolló su ideología en los campos de concentración donde Nasser enterró a miles de sus Hermanos Musulmanes. La historia muestra que cuando estos grupos son atacados, militar o verbalmente, invariablemente se vuelven más extremistas.

“Dios es para los pobres e ignorantes”

No. Los nuevos ateos insisten vehemente en que la religión es pueril e irracional, perteneciendo, como argumenta Hitches, a la “infancia de nuestra sociedad”. Esto refleja el amplio desacuerdo entre los intelectuales occidentales y la humanidad, enfrentada con la aparentemente ilimitada elección y prosperidad, que todavía debe basarse en lo que Karl Marx llamó el “opio” de las masas.

Pero Dios se niega a ser superado, aún en los Estados Unidos, el país más rico del mundo y el país más religioso del mundo desarrollado. Ninguna de las grandes religiones es reacia a los negocios; cada una se desarrolló en una naciente economía de mercado. La Biblia y el Corán pueden haber prohibido la usura, pero a lo largo de los siglos judíos, cristianos y musulmanes han encontrado formas de sortear esta restricción y producir economías prósperas. Es una de las grandes ironías de la historia religiosa el hecho de que el Cristianismo, cuyo fundador pensaba que era imposible servir a Dios y al dinero, haya producido el entorno cultural que, como lo sugería Max Weber en su libro “La ética prostestante y el espíritu del capitalismo” (1905), formó parte integral del capitalismo moderno.

Sin embargo, la actual crisis financiera demuestra que la crítica religiosa de la ambición excesiva está lejos de ser irrelevante. Aunque no se oponen a los negocios, las principales doctrinas religiosas han intentado contrarrestar algunos de los abusos del capitalismo. Las religiones orientales, como el Budismo, por medio del yoga y otras disciplinas intentan moderar la agresiva codicia de la psique humana. Las tres religiones monoteístas han arremetido contra la injusticia de la desigual distribución de la riqueza –una crítica que habla directamente de la brecha entre los ricos y los pobres en nuestra sociead.

Para recuperarnos de los malsanos efectos del año pasado, puede que necesitemos exactamente conquistar el egotismo que siempre ha sido ensencial en la búsqueda de la trascendencia que llamamos “Dios”. La religión no es simplemene una cuestión de suscripción a un conjunto de creencias obligatorias; es un trabajo duro, que requiere un esfuerzo incesante por ir más allá del egoísmo que nos impide lograr una humanidad más humana.






“Dios y la política no deben mezclarse”

No necesariamente. Los políticos teológicamente iletrados durante mucho tiempo le han dado una mala reputación a la religión. Una inadecuada comprensión de Dios que lo reduce a un ídolo a nuestra imagen y semejanza, que nos da alegrías y pesares como sanciones sagradas, es la peor forma de tiranía espiritual. Semejante arrogancia condujo a atrocidades tales como las Cruzadas. El ascenso del secularismo en el gobierno estaba destinada a revertir esta tendencia, pero el mismo secularismo ha creado nuevos demonios infligiéndoselos al mundo.

En Occidente, el secularismo ha sido un éxito, esencial para el moderno sistema económico y político, pero se logró de forma gradual a lo largo de casi 300 años, lo cual permitió que las nuevas ideas de gobierno llegaran lentamente a todos los niveles de la sociedad. Pero en otras partes del mundo la secularización ha tenido lugar demasiado rápido, por lo que ha sido resentida por grandes sectores de la población, que todavía están profundamente arraigados en la religión y ven a las instituciones occidentales como extrañas.

En Medio Oriente, la secularización demasiado agresiva en ocasiones ha resultado contraproducente, haciendo que el “establishment” religioso se hiciera más conservador o incluso radical. En Egipto, por ejemplo, el notable reformista Muhammad Ali (1769-1849) empobreció y marginó de forma brutal a la clerecía, por lo que sus miembros le volvieron la espalda. Cuando los shahs de Irán torturaron y exiliaron a los mullahs que se oponían a su régimen, algunos, como el Ayatollah Ruhollah Khomeini, llegaron a la conclusión de que era necesario tomar medidas más extremas por parte de los futuros líderes religiosos de Irán.

El Chiísmo durante siglos había separado la religión de la política como una cuestión de principios sagrados, y la insistencia de Khomeini de que un clérigo debía convertirse en jefe de estado era un innovación extraordinaria. Pero la religión moderada puede llegar a desempeñar un rol constructivo en la política. Muhammad Abdu (1849-1905), gran muftí de Egipto, temía que la gran mayoría de los egipciones no entenderían las nacientes instituciones democráticas del país a menos que estuvieran explícitamente enlazadas con los principios islámicos tradicionales que enfatizaban la importancia de la consulta (shura) y el deber de buscar el consenso (ijma) antes de la promulgación de una legislación.

En el mismo espíritu, Hassan al-Banna (1906-1949), fundador de la Hermandad Musulmana, comenzó su movimiento traduciendo el mensaje social del Corán en un lenguaje moderno, fundando clínicas, hospitales, organizaciones sindicales, escuelas, y fábricas que les diera a los trabajadores seguros, vacaciones y buenas condiciones laborales. En otras palabras, pretendía llevar las masas a la modernidad en un contexto islámico. La popularidad resultante de la Hermandad era una amenaza para el gobierno secular de Egipto, que no podía proporcionar aquellos servicios. En 1949 Banna fue asesinado, y en reacción algunos miembros de la Hermandad se escindieron en ramificaciones radicales.

Por supuesto, la forma en que se usa la religión en la política es más importante que la forma en que la usamos todos. Presidentes norteamericanos como John F. Kennedy y Barack Obama han invocado la fe como una experiencia compartida que mantiene unido al país –un enfoque que reconoce el poder comunitario de la espiritualidad sin ninguna pretensión de derecho divino. Sin embargo, este consenso no es satisfactorio para los Protestantes Americanos fundamentalistas, que consideran que Estados Unidos debería ser una nación distintivamente cristiana.

“Dios engendra violencia e intolerancia”

Segunda Parte: Dios, Religión y Política (2)
http://sara-terrorismointernacional.blogspot.com/2009/12/dios-religion-y-politica-2.html
La traductora no comparte necesariamente los conceptos vertidos en este artículo.

Traducido de: Think Again: God. By: Karen Armstrong. Foreign Policy (nov/dic 2009)
véase el art. original en:
http://www.foreignpolicy.com/articles/2009/10/19/god_0?page=0,0

10 noviembre 2009

Premios Nobel de la Paz (3)


Corazón Aquino




Corazón Aquino era la esposa del senador Benigno Aquino, un importante adversario político de Ferdinando Marcos, el ex dictador de las Filipinas. Cuando regresó de su exilio en 1983, Benigno Aquino fue asesinado mientras se encontraba todavía en la pista del Aeropuerto Internacional de Manila.



Tras la muerte de su esposo, Corazón Aquino tomó la posta política, y cuando Marcos llamó a elecciones presidenciales en 1986 la oposición se unió a su alrededor. Tras el recuento oficial de votos, Marcos fue declarado vencedor, en medio de una oleada de alegatos de fraude electoral; los seguidores de Aquino tomaron las calles en lo que se conoce como Revolución del Poder Popular, una protesta no-violenta que instaló a Aquino como la primera presidente mujer de las Filipinas. Durante su presidencia, Aquino preservó la transición pacífica hacia la democracia en el país, y más tarde se retiró a su vida privada en 1992. Murió en agosto del mismo año.

Aquino fue nominada para el Premio Nobel de la Paz en 1986, pero dicho premio fue otorgado finalmente a Elie Wiesel, sobreviviente del Holocausto. No obstante, ganó un sustancia premio consuelo, el mismo año, cuando fue nombrada Personaje del Año por la revista Time. “En una nación dominada durante décadas por un estilo político machista, ella conquistó con la tranquilidad y la gracia”, decía la revista Time.

Liu Xiaobo





Liu Xiaobo es uno de los más conocidos críticos del Partido Comunista chino, y uno de los primeros signatarios del manifiesto pro-democrático Charter 08. La carta, publicada en el año 2008 y basada conscientemente en la Carta 77, de Vaclav Havel, critica el enfoque del régimen chino hacia la modernización como “un proceso desastroso que priva a los seres humanos de sus derechos, corrompe la naturaleza humana y destruye la dignidad humana”.

El arresto de Liu, un ex profesor universitario de literatura que había sido ya encarcelado antes por su participación en las protestas pro-democráticas de la Plaza de Tiananmen (1989), fue criticado por escritores y activistas de un grupo internacional defensor de los derechos humanos (incluyendo tres Premios Nobel) en una carta abierta enviada al presidente chino Hu Jintao el 22 de diciembre de 2008. La continua encarcelación de Liu fue condenada en una resolución aprobada por el Congreso de los Estados Unidos el 1 de octubre, declarando que Liu “ha inspirado a millones de personas en la China y el mundo entero”.

Todavía nadie lo ha nominado para el Nobel de la Paz. Liu solamente ha logrado prominencia recién después de la publicación de la Carta 08, el año pasado, y no está claro si este nuevo movimiento que representa cambiará alguna vez la presencia fuerte del Partido Comunista en el poder. Pero este año, con el 60 aniversario de la República Popular China y el 20 aniversario de las protestas en la Plaza de Tiananmen, hay fuertes especulaciones de que el comité reconozca al disidente chino.

(Nota de la traductora: bueno, ya sabemos que esta año le otorgaron el Nobel de la Paz a Barack Obama. No hay nada más que agregar, cierto?)

Referencias:

Premios Nobel de la Paz, omisiones imperdonables:
Parte 1: Mahatma Gandhi, Eleanor Roosvelt
Parte 2: Vaclav Havel, Ken Saro-Wiwa, Sari Nusseibeh



Fuente: Nobel Peace Prize Also-Rans. By: David Kenner. Foreign Policy.véase el art. enhttp://www.foreignpolicy.com/articles/2009/10/07/nobel_peace_prize_also_rans?page=0,5


26 octubre 2009

Premio Nobel de la Paz: Omisiones Imperdonables (2)





3. Vaclav Havel fue la voz cultural y política del movimiento que llevó a su fin a la dominación soviética de Checoslovaquia, y posteriormente integró a la República Checa dentro de la OTAN y la Unión Europea. Como dramaturgo, su obra satirizaba al sistema comunista y galvanizaba los sentimientos antisoviéticos a lo largo de toda Europa del Este, lo que le motivó su encarcelamiento en 1979. Fue signatario del famoso Charter 77 (Carta 77), que criticaba al gobierno por su falta de respeto para con los derechos humanos esenciales y por hacer del derecho a la libertad de expresión algo “completamente ilusorio”.


Los esfuerzos de Havel culminaron en la famosa Revolución de Terciopelo (Velvet Revolution) checoslovaca de 1989, que terminó con el derrocamiento no violento del régimen comunista. Posteriormente Havel se convirtió en un líder político, y de esta forma resultó elegido como primer presidente de la República Checa, un cargo que ocupó hasta el año 2003.


Havel fue nominado en 1989 por los norteamericanos Steny Hoyer (diputado) y Dennis DeConcini (senador), mientras se encontraba encarcelado por el régimen comunista, y otra vez a principios de la década de 1990. En estos últimos años el comité está tratando de lograr un equilibrio geográfico, de modo que las posibilidades de Havel podrían haberse visto afectadas por la decisión de galardonar con el Nobel de la Paz a otro ex disidente que también se convirtió en presidente: Lech Walesa (1983).

Aunque Havel mismo no ha ganado el premio, ha sido muy activo en la nominación de otros. Nominó a la líder democrática birmana Aung San Suu Kyi, quien finalmente ganó el Nobel de la Paz en 1991.



4. Ken Saro-Wiwa


Ken Saro-Wiwa era un activista ambiental nigeriano y autor que lideró una campaña no violenta contra la degradación ambiental en el Delta del Níger como resultado de la extración de petróleo crudo. Miembro del grupo indígena Ogoni, asentado en la región, Saro-Wiwa fundó el Movimiento por la Supervivencia del Pueblo Ogoni, para protestar por la connivencia del régimen militar nigeriano y la compañía petrolera Royal Dutch/Shell a expensas de las tierras agrícolas y pesqueras de los Ogoni. Organizó protestas pacíficas contra la Shell, y luchó por la limpieza del medio ambiente del área.

En enero de 1993, encabezó una marcha de 300.000 Ogoni, exigiendo una parte de los ingresos por petróleo y un grado de autonomía política. Como los esfuerzos de Saro-Wiwa tuvieron repercusiones en las noticias, el gobierno nigeriano, altamente dependiente de los ingresos por la extracción petrolera de la Shell, lo arrestó y lo sometió a juicio en un tribunal militar especial, con acusaciones falsas, y finalmente lo ejecutó en 1995. Su muerte desató la indignación internacional.

Saro-Wiwa fue nominado en 1995, pero nunca estuvo cerca de ganarlo en vida. Sin embargo, ganó el prestigioso “Goldman Environmental Prize”, un galardón internacional annual para activistas ambientales, y el “Right Livelihood Award” sueco, que a menudo es considerado el “Premio Nobel alternativo”.






5. Sari Nusseibeh


En el tenso mundo de las relaciones israelíes-palestinas, pocos líderes han intentado con tanta perseveraciona cerrar la brecha entre los dos pueblos como Sari Nusseibeh. Como presidente de la Universidad Al-Quds desde 1995 y representante de la Organización para la Liberación de Palestina en Jerusalén desde 2001, Nusseibeh ha sido uno de los defensores más importantes del compromiso entre israelíes y palestinos.

Ha derribado grandes tabúes dentro de la comunidad palestina, hablando abiertamente sobre la imposibilidad del derecho de retorno para los refugiados palestinos, sin ignorar la devastación que la ocupación israelí ha causado en los palestinos. Más recientemente, trabajó con Ami Ayalon, ex jefe del servicio de seguridad israelí Shin Bet, para desarrollar una iniciativa destinada a terminar con el conflicto israelí-palestino.


El Comité del Premio Nobel les dio el galardón a Yasser Arafat, Shimon Peres y Yitzhak Rabin en 1994 “por sus esfuerzos por crear la paz en Medio Oriente”. Pero como quince años después la situación en Medio Oriente no parece estar cerca de una solución, el comité tuvo miedo de considerar a otros candidatos israelíes o palestinos. No obstante, los intentos actuales de Nusseibeh por ayudar a su pueblo a alcanzar una reconciliación significativa con los israelíes podrían hacer que el comité reconsiderara su decisión.

Notas:

Fuente: Nobel Peace Prize Also-Rans. Por: David Kenner. En: Foreign Policy

09 octubre 2009

Premio Nobel de la Paz: Omisiones Imperdonables



Desde Henry Kissinger hasta Yasser Arafat, el Comité del Premio Nobel noruego ha cometido varios errores groseros a lo largo de los años. En este artículo, están siete personas que nunca ganaron el Premio Nobel de la Paz, pero debieron haberlo hecho. Lo merecían.


Mahatma Gandhi / Eleanor Roosvelt


Vaclav Havel / Ken Saro-Wiwa / Sari Nusseibeh


Corazón Aquino / Lu Xiaobo


1) Mohandas K. Gandhi


Mohandas K. Gandhi era el líder espiritual y político del movimiento independentista de la India, y un defensor de la resistencia no-violenta como un medio de cambio social. Gandhi asumió un rol de liderazgo en el Congreso Nacional de la India en 1921, y transformó al partido en un movimiento masivo dedicado a terminar con la discriminación social y económica contra los indios y lograr la completa independencia de la India. También luchó firmemente por la emancipación de los “intocables” (una casta hindú), y por la unidad entre las comunidades india y musulmana. Tras la declaración de la independencia del país, se opuso firmemente a la partición de la India y Pakistán. Gandhi murió baleado por un nacionalista radical hindú el 30 de enero de 1948.


Siendo el pacifista más famoso de la historia, también es la negación del Nobel de la Paz más famosa. La Fundación Nobel tiene incluso una página en la que explica su versión de la historia. Gandhi formó parte de una breve lista tres veces: en 1937, 1947 y luego, póstumamente, en 1948. En el año 1937 el asesor del comité criticaba el doble papel de Gandhi como activista por la paz y como líder político de un movimiento independentista, escribiendo que “frecuentemente es un Cristo, pero luego, repentinamente, un político común”.






Como la India y Pakistán lograron su independencia en 1947, el máximo triunfo de Ghandi fue opacado por la violencia y el desplazamiento resultante. Con las crecientes tensiones en el verano de 1947, el comité del Premio Nobel dudó en otorgarle dicho premio por la paz a alguien tan estrechamente vinculado con una de las partes en lucha. Además, posiblemente el comité se haya visto afectado por sesgos regionales y raciales; la mayoría de los anteriores premios habían sido otorgados a europeos blancos.






Si bien el comité consideró galardonar a Gandhi en 1948, después de su asesinato, la voluntad de Alfred Nobel claramente exigía que el premio fuese otorgado a una persona viva. Sin embargo, la decisión de no otorgar ningún premio aquel año porque “no había un candidato vivo adecuado” parece ser una admisión implícita de que el comité perdió su oportunidad de reconocer los logros de Gandhi.








2) Eleanor Roosvelt






Eleanor Roosvelt fue una primera dama de los Estados Unidos, una líder feminista, defensora de los derechos civiles, y firme partidaria de las Naciones Unidas como una organización promotora de la paz mundial. Durante el llamado New Deal de su esposo, Franklin Delano Roosvelt, ella apoyó el aumento de la cantidad de mujeres que participaron en el gobierno, abogó por programas de ayuda destinados específicamente a las mujeres, se opuso al impuesto a la capacitación para los afroamericanos, y se pronunció a favor de un salario digno.
 
Tras la muerte de Franklin D. Roosvelt, el presidente Harry Truman la nombró delegada ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, donde se desempeñó como jefa de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU y tuvo una participación fundamental en la redacción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Por sus esfuerzos se convirtió en un símbolo e inspiración para las mujeres independientes y políticamente activas en los Estados Unidos y el exterior.






En 1947, el Comité del Premio Nobel consideró otorgar el premio de la paz a Roosvelt y a Alexandra Kollontai, embajadora soviética en Suecia, en un intento por salvar la brecha entre los dos adversarios de la Guerra Fría. Eleanor Roosvelt fue nominada otra vez en 1955; pero después de su muerte un estrecho grupo de amigos comenzó a presionar al comité del Nobel para que le concediera el premio póstumamente. Truman instó a los miembros del comité a flexibilizar sus reglas y otorgarle el premio: “Si ella no lo ganaba, entonces nadie más lo hará”. El comité se negó. Uno de los seguidores de Roosvelt se quejó de su “extraordinaria rigidez”.













Fuente: Nobel Peace Prize also-rans. By: David Kenner; Foreign Policy
http://www.foreignpolicy.com/articles/2009/10/07/nobel_peace_prize_also_rans?page=0,0&%24Version=0&%24Path=/&%24Domain=.foreignpolicy.com,%20%24Version%3D0






28 septiembre 2009

Guerrilla


En el artículo anterior, sobre las tácticas del terrorismo, se hablaba de la guerrilla. Me parece oportuno decir unas palabras más acerca de esta forma de lucha.



La guerrilla es una antiquísima forma de combate practicada por pueblos oprimidos, invadidos. El término es un derivado, tal vez un poco despectivo, de la palabra “guerra”; sus antecedentes se remontan a la resistencia española ante la invasión napoleónica. Las tácticas guerrilleras utilizadas en la Península Ibérica contra las fuerzas francesas fueron muy pequeñas pero también muy efectivas: los generales de Napoleón aludían a ella como la “úlcera española”. Eran unos veinte mil efectivos irregulares quee lograron neutralizar al doble de efectivos galos. A esta resistencia la llamaron “petit guerre”.



Tácticas similares se utilizaron, por ejemplo, en la guerra por la independencia de los Estados Unidos, después en las guerras libertadoras por la descolonización, y así.



Esta forma de combate alcanzó su máxima expresión en el caso de los chinos, liderados por Mao Tse Tung, y los vietnamitas, liderados por Ho Chi Minh, en sus luchas contra los estados imperialistas.







Decálogo de la lucha guerrillera prolongada de masas según Mao Tse Tung:



1. Primero golpear a las fuerzas enemigas dispersas y aisladas, y luego a las fuerzas enemigas concentradas y poderosas.



2. Tomar primero las ciudades pequeñas y medianas y las vastas zonas rurales, y luego las grandes ciudades [estrategia conocida como “el campo cerca de la ciudad”]



3. Tener por objetivo principal el aniquilamiento de la fuerza viva [se refiere a los combatientes] del enemigo y no el mantenimiento o conquista de ciudades o territorios.



4. En cada batalla concentrar fuerzas absolutamente superiores. Dos, tres, cuatro, y en ocasiones hasta cinco o seis veces las fuerzas del enemigo, cercar totalmente las fuerzas enemigas y procurar aniquilarlas por completo. Hacer lo posible por evitar las batallas de desgaste, en las que lo ganado no compensa lo perdido o sólo resulta equivalente [un principio universal de la guerra].



5. No dar ninguna batalla sin preparación, ni dar batallas sin seguridad de ganarlas. [La completa seguridad es imposible, nunca se sabe “qué hay del otro lado del monte”, como dicen los efectivos]



6. Poner en pleno juego nuestro estilo de lucha: valentía en el combate, espíritu de sacrificio, desprecio a la fatiga y tenacidad en los combates continuos [el equivalente sería la “moral de lucha”]



7. Esforzarse por aniquilar al enemigo en la guerra de maniobras.



8. Apoderarse resueltamente de todos los puestos fortificados y ciudades débilmente defendidas [los ejércitos regulares, o “burgueses” como lo hubiera dicho Mao, comienzan así lo que llaman “guerra de posiciones”].

Para ver otros artículos relacionados, haga click en el término "guerrillas" en la lista de etiquetas.


11 septiembre 2009

Terrorismo de Agenda Islamista

Terrorismo de Agenda Islamista

El trabajo del sociólogo Farhad Khosrokhavar, afincado en París, (“Suicide bombers: Allah´s New Martyrs”) ha estado a la vanguardia de los esfuerzos por hacer hincapié en la tensión entre la motivación religiosa y otras consideraciones estratégicas más racionales y temporales.
Khosrokhavar, tal vez debido a su gran familiaridad con los principios islámicos, está en lo correcto al verlo como una función de la jihad. Ha habido una tendencia evolutiva y, a lo mejor, dominante, en el pensamiento islamista moderno que considera a la cultura occidental como hostil hacia el Islam y, por lo tanto, un objetivo legítimo para la jihad. Una de las diferencias ideológicas más grandes entre los terroristas religiosos y seculares es su definición del enemigo: mientras que los terroristas seculares ven a sus oponentes como representantes de un determinado orden o régimen socioeconómico, los terroristas islamistas adoptan una definición más amplia. Qutb, por ejemplo, revivía el término coránico “jahiliya”, la edad preislámica de la ignorancia, en la que floreció el paganismo, para describir el estado de cualquier sociedad que no fuera islámica por definición.

La interpretación de Abdullah Yusuf ´Azzam respecto a la condición del “dhimmi” (minoría religiosa subyugada) también introdujo en el discurso político moderno la antigua separación islámica del mundo en “dar al-Islam” (morada del Islam) y “dar al-harb” (morada de la guerra). En el primer caso, donde gobernaban los musulmanes, los judíos y los cristianos podían convertirse o aceptar una condición social de segunda clase, mientras los musulmanes llevaban a cabo una violenta jihad para someter a las minorías bajo su control. Si bien los teólogos tradicionales podrían argumentar que los Musulmanes tenían la obligación de proteger a los “dhimmis” siempre que siguieran pagando impuestos exagerados y se adhirieran a los códigos especiales, ´Azzam, bin Laden, y sus seguidores, argumentaron que los judíos y los cristianos se han desviado de sus “religones originales” y que son agentes del Occidente moderno, por lo que no merecen ninguna protección.

Los árabes sunitas que regresaban de luchar contra la ocupación soviética en Afganistán, igual que muchos grupos palestinos como el Hamas y la Jihad Islámica Palestina, inauguraron una nueva etapa en el terrorismo inspirado por la religión.
´Azzam tejió una mística de invisibilidad alrededor de los guerreros musulmanes tras la derrota de los soviéticos en Afganistán. Uno de sus eslóganes más famosos durante la guerra afgana era “Solamente la Jihad y el rifle. No negociaciones, no conferencias, no diálogos”. El 6 de marzo de 1995, el líder espiritual del Hamas, el jeque Ahmad Yasin, declaraba que todo aquel [atacante] suicida que hubiera recibido la bendición del un clérigo musulmán certificado, debía ser considerado como un “shahid” (mártir) que había caído en cumplimiento del servicio a la jihad, y no como alguien que hubiera cometido suicidio con intenciones personales (algo que está prohibido en el Islam). El jeque Yusuf al-Qaradawi, un influyente clérigo sunita afincado en Qatar, reafirmó el enfoque de Yasin al año siguiente. Luego, el 23 de febrero de 1998, bin Laden anunciaba el establecimiento de un Frente Islámico Internacional por la Jihad contra los Cruzados y los Judíos, y declaraba legítimo el asesinato de cualquier norteamericano, fuera militar o no.

Si bien Qutb proporcionó las bases teóricas para el moderno islamismo sunita, Khomeini aportó la exégesis para legitimizar la teocracia chiíta en su ensayo de 1970 titulado “Hukumat-i Islami” (gobierno islámico). La escritura de Khomeini está impregnada por la percepción de Occidente como un oponente del Islam, el concepto del martirio, y la identificación propia de la Shi´a como un pueblo oprimido. Khomeini ve a las superpotencias como responsables de todos los errores del mundo, y sugiere que es la obligación de todos los musulmanes movilizar a los oprimidos para extirpar a las superpotencias del escenario mundial.

La conección de Khomeini con el ascetismo y el suicido es fundamental para comprender el surgimiento del ataque sucida dentro de la táctica principal de las organizaciones terroristas islámicas. A su juicio, la humanidad solamente puede enfrentar a sus deseos egoístas mediante la devoción espiritual hacia la “umma” o “comunidad”, que está amenazada por Occidente. La única forma de hacer frente a la obsesión humana con el materialismo es la negación total (de ese materialismo). De hecho, Khomeini llega al extremo de justificar la entrega de la propia vida para la causa islámica, en la medida en que la muerte es la negación última del propio ser material. Aunque el martirio ha sido un tema largamente tratado en el chiísmo, las enseñanzas de Khomeini y su carisma han llevado a muchos chiítas a racionalizar la justificación del suicidio por motivos religiosos.

Tácticas del terrorismo islámico

La principal táctica del terror islamista, desde principios de los años 1980, ha sido el atentado suicida. En contraste con los terroristas seculares, los terroristas suicidas islámicos no necesitan escapar; su planificación se enfoca más bien en cómo llevar al perpetrador al área objetivo. Los atacantes suicidas son bombas inteligentes que caminan, capaces de ubicarse entre multitudes, como por ejemplo en restaurantes, para causar la mayor cantidad de víctimas posible. Por ejemplo, durante la oleada de terror de los años 2001-2002 en Israel, los atacantes suicidas [siempre con bombas] del Hamas y de la Jihad Islámica seleccionaban a último momento los objetivos, para aumentar así el número de civiles que podían matar. Los terroristas islámicos tampoco necesitan usar el tiempo para incrementar sus demandas. Mientras que los grupos marxistas de la década de 1970 podían tomar rehenes y amenazarlos mientras realizaban demandas concretas, los islámicos buscan matar primero y hablar después. Los terroristas islámicos toman rehenes pero, en esos casos, el objetivo es posiblemente desatar el terror en las noticias, las veinticuatro horas, para obtener así concesiones.

Por ejemplo, los secuestradores del 11S, resistieron los intentos de los controladores aéreos norteamericanos por comunicarse con ellos, ya que su objetivo no era transmitir demandas sino, más bien, asesinar a la mayor cantidad de personas posible.

La decisión de Al Qaeda de lanzar los ataques no puede separarse de la ideología y del sueño de restaurar un califato perdido. Uno de los objetivos más importantes de Bin Laden era acelarar el reclutamiento de nuevos voluntarios para la jihad global y el Islam. Bin Laden decía que la “guerra en Afganistán había expuesto la debilidad de América. A pesar de las claras ventajas tecnológicas de su maquinaria bélica, no pudieron derrotar a los mujahideen musulmanes… La cantidad de personas que abrazaron la fe islámica después de la campaña fue más grande que la cantidad de los que el Islam había captado en los últimos once años”. El testamento y última voluntad del secuestrador Muhammad Atta, encontrado en el baúl de su automóvil, sugería consideraciones muy diferentes a los eventos de una agenda de terrorismo secular.

¿Auto-sacrificio y suicidio?

Sigue habiendo una gran controversia, por lo menos en Estados Unidos y Europa, acrca del origen y la motivación del terrorismo justificado religiosamente. Pape y Mia Bloom (científica política de la Universidad de Georgia, autora de “Dying to kill: the allure of suicide terror”), se encuentran entre los revisionistas más influyentes. Pero, a pesar de la popularidad de sus tesis en un campo que busca mitigar, si no exculpar, la influencia de la religión, sus argumentos no son sólidos.

Pape formula dos hipótesis principales acerca del atentado suicida: primero, que está motivado primariamente por la resistencia ante la ocupación extranjera y, segundo, que la ideología religiosa sólo tiene un rol menor en los ataques suicidas perpetrados por musulmanes. Bloom argumenta también que los atacantes suicidas se matan a sí mismos solamente como un medio para un fin, utilizando el suicidio sólo “para presionar a las milicias rivales a través del uso de tácticas shockeantes” y, en el caso palestino, para “competir por el liderazgo”. Según Pape y Bloom, la estrategia y los objetivos políticos, y no la religión, son los incentivos primarios para los ataques suicidas. Pero la religión, el racionalismo, y el planeamiento estratégico no son incompatibles. Los Tigres tamiles pueden haber adoptado el ataque suicida en su lucha separatista contra el ejército de Sri Lanka; pero los atacantes suicidas en Casablanca y Londres no estaban motivados por la ocupación, sino más bien por una ideología jihadista. Si bien los estudiosos occidentales pueden haber internalizado la separación entre Iglesia y Estado legislada en los Estados Unidos y practicada en Europa, para Khomeini, Hasan Nasrallah del Hezbollah, bin Laden y Qaradawi no existe tal separación. Son racionales, pero ven el mundo de una forma distinta.

A diferencia de Pape y Bloom, Khosrokhavar busca las motivaciones individuales más profundas, en lugar de las organizacionales, detrás del atentado suicida. Realizando análisis comparativos del martirio en el Cristianismo y en el Sikhismo, Khosrokhavar sostiene que es particularmente islámica la aprobación de la muerte sagrada por el bien de la comunidad (umma). Quizás sea esta la razón por la que Khosrokhavar advierte que las ciencias políticas y económicas no son suficientes para comprender el factor humano en el terror inspirado por la religión. Tanto los individuos como las organizaciones terroristas ven el atentado suicida como un aspecto racional e integral de la ideología, la estrategia y las tácticas.

Boaz Ganor (experto israelí en la lucha contra el terrorismo) profundiza sobre esta auto-imagen del atacante suicida y sus seguidores. Ganor explica, “El término ataque suicida es engañoso. Ante los ojos del atacante y su comunidad, este fenómeno no tiene nada que ver con el hecho de cometer suicidio… Cometer suicidio está prohibido en el Islam pero, en cambio, esta persona es vista como un shahid –un mártir que cae en el proceso de cumplimiento de la orden religiosa de la jihad”.

La influencia de Khomeini en el terror islamista sugiere que el ataque suicida tiene una base ideológica y estratégica más amplia que la simple oposición ante la ocupación extranjera. En cambio, la base del atentado suicida es triple: primero, el suicidio por la jihad limpia al perpetrador de todos los males mundanos; segundo, el suicidio por la comunidad purifica la “umma”; tercero, el atentado suicida sirve al objetivo de oponerse a los enemigos del Islam.

La interpretación de Pape de causa y efecto es cuestionable. Pape afirma que el terrorismo obligó a Israel a retirarse dos veces de áreas palestinas ocupadas durante la década de 1990: en abril de 1994, cuando Israel se retiró de partes de la franja de Gaza, y entre octubre de 1994 y agosto de 1995, cuando Israel se retiró de partes de la Ribera Occidental (o Cisjordania). Además le adjudica al terrorismo la decisión de Jerusalén de liberar al líder espiritual del Hamas, Ahmed Yasin, en octubre de 1997. No obstante, su hipótesis es errónea. Pape se olvida de mencionar que los líderes israelíes habían acordado sus políticas de retirada en la “Declaración de Principios”, en los acuerdos de Oslo. El público israelí convenció a su dirigencia para que buscara la paz con los palestinos, no a causa del terror (las fuerzas israelíes habían logrado contener, si no derrotar, a la primera intifada) sino más bien porque pensaban que el emprendimiento de Oslo podía alcanzar una solución política razonable.

Al centrarse solamente en la ocupación y la liberación nacional, Pape pasa por alto una complicada red de incentivos y motivaciones que socavan su argumento.

Marc Sageman, ex agente de la CIA (en realidad, “case officer”, procurador de caso), psiquiatra, y científico política de la Universidad de Pennsylvania, busca una tesis diferente en su libro “Understanding Terror Networks”. Sageman trata de refutar los conceptos regulares con respecto a las causas del terrorismo, como por ejemplo la pobreza y el lavado de cerebros, y en su lugar hace hincapié en los vínculos y las redes sociales. Sostiene que la mejor forma tanto de entender como de contrarrestar el jihadismo global, es realizar un mapeo y analizar la estructura social islámica. Aunque Sageman argumenta que los vínculos sociales entre las redes terroristas desempeñan un rol mucho más fuerte que las ideologías, evita caer en el mismo error de Pape de buscar la exclusividad para su teoría, y en cambio alienta a las comunidades de inteligencia contra el terrorismo a entrenar a “case officers” (procuradores de caso) versados en los diversos aspectos de la cultura musulmana, el idioma, y los conocimientos.

Los partidarios del revisionismo de Pape desdibujan la diferencia entre el auto-sacrificio y el suicidio para minimizar la disimilitud entre el terrorismo secular y el atentado suicida de inspiración islámica, es decir, para minimizar la distinción entre la disposición al sacrificio propio por una causa y el hecho de tomar una decisión consciente de llevar a cabo un ataque suicida. Cada soldado que se alista para combatir sabe que puede morir en acción; muchos jóvenes están dispuestos a asumir ese riesgo, no por el deseo de morir sino por la convicción de que bajo ciertas circunstancias puede ser necesario perder la propia vida en cumplimiento del deber. Los terroristas seculares también reconocen el riesgo sin expresar el deseo de matarse. Por ejemplo, Guevara escribía: “El combatiente guerrillero busca arriesgar su propia vida donde sea necesario, y está listo para morir sin el menor signo de duda, pero al mismo tiempo, tiene que ser prudente y nunca exponerse innecesariamente. Tienen que tomarse todas las precauciones necesarias para evitar la derrota o la aniquilación”.

Jamal al-Gashay, uno de los tres terroristas del grupo Septiembre Negro capturados por la policía alemana occidental después de la masacre de Munich, y que más tarde fue liberado en un intercambio por la devolución de rehenes de un avión de Lufthansa, dio una entrevista a la televisión poco después de su liberación. “Nosotros sabíamos que lograr nuestros objetivos podía costar vidas”, dijo, “pero desde el día en que nos unimos, estuvimos conscientes de que existía la posibilidad del martirio, en cualquier momento, en nombre de Palestina”.

La motivación y disposición al sacrificio no es lo mismo que el deseo de abrazar una muerte segura. Hay una enorme diferencia entre el grito de batalla latinoamericano “¡Viva la muerte!” y la declaración que los terroristas suicidas hacen en video antes de su misión: “Ana ash-shahid al-hayy” (yo, el mártir viviente). Para el atacante suicida tales palabras no son un simple slogan, sino más bien la expresión de profundos valores religiosos.

Ganor define un ataque suicida como “un método operativo en el que el mismo acto del ataque depende de la muerte del perpetrador… Esta es una situación única en la que el terrorista está plenamente consciente de que si no se mata a sí mismo el ataque planificado no se podrá llevar a cabo”. Mientras que en los años de 1970 los terroristas dedicaban muchos esfuerzos en establecer rutas de escape o liberar a compañeros encarcelados, para el atacante suicida estos esfuerzos no son necesarios.

Aunque Pape y Bloom sostienen que los terroristas inspirados por motivos religiosos no se matan como un fín en sí mismo, los ataques de Al Qaeda sugieren lo contrario. A pesar de todo, los modus operandi de los terroristas religiosos y los seculares difieren tanto que se pueden considerar grupos distintos que no comparten necesariamente los mismos motivos temporales.

Conclusiones

Analizar las diferencias entre los terroristas de agenda secular y sus homólogos religiosos es crucial para comprender la especial naturaleza del terrorismo contemporáneo. A diferencia de las actividades de las guerrillas seculares y los terroristas entre 1945 y 1979, la guerra contra los enemigos del Islam no está limitada en el tiempo, ni por territorios, ni por una agenda socioeconómica específica, sino que se emprende contra toda una cultura o una civilización completa. Por lo tanto, la “resistencia a una ocupación”, como lo sugiere Pape, es sólo una etapa limitada en un esquema mucho más grande por un nuevo orden mundial. Esto es bastante evidente en la visión de Khomeini, respecto a una amplia media luna chiíta extendiéndose desde Iran, por Irak y llegando hasta el Líbano, o en el sueño de Al Qaeda sobre un nuevo califato islámico abarcando desde España en el oeste hasta Irak en el este, incluyendo eventualmente al Sudeste Asiático y Europa. Lejos de ser slogans vacíos, estos objetivos reflejan un profundo compromiso ideológico con un nuevo orden mundial.

A fin de comprender mejor la mentalidad política de las organizaciones terroristas islámicas, los textos formativos de los líderes de la sunitas y chiítas tendrían que recibir tanta atención, si no más, como las estrategias y las tácticas que aplican. Giap, el cerebro de las operaciones de la guerrila norvietnamita, dijo una vez: “Las actividades políticas son más importantes que las operaciones militares, y la lucha es menos importante que la propaganda”. En la confrontación con el terrorismo islámico, la ideología es tal vez aún más crucial.
Notas de la traductora:
Para ver las otras dos partes de este mismo artículo, haga click en los siguientes enlaces:
1. Terrorismo secular y terrorismo religioso (i)
2. Tácticas del terror secular
Traducido de: Contrasting secular and religious terrorism. By: Jonathan Fine.
The Middle East Quarterly / Winter 2008, vol. XV, no. 1. En: Middle East Forum.
véase el art. original en:
Jonathan Fine es investigador becario del International Institute for Counter-Terrorism, y catedrático de la Lauder School of Diplomacy and Strategy en el Interdisciplinary Center, los dos en Herzylia, y en la Hebrew University of Jerusalem.